La comunicación todoterreno de Xóchitl Gálvez

La comunicación todoterreno de Xóchitl Gálvez

Xochitlmanía / Letras Libres

En pocos días, Xóchitl Gálvez ha dejado claro que posee cuatro ingredientes clave de la comunicación política que le permitirían enfrentar a Morena.

En los grupos de enfoque para campañas políticas se suele hacer la siguiente pregunta:

“Si el [partido político] fuera un automóvil, ¿cuál sería?”

El PAN evoca a un BMW. El PRI es un auto viejo. El PRD, una combi destartalada. MC es imaginado como un VW Sedán. Morena, en cambio, es equiparado a una enorme “camioneta monstruo”, una pick-up de aspecto poderoso e intimidante, con enormes llantas.

¿Qué clase de vehículo se necesita para enfrentar a la “camioneta monstruo” de Morena? Un todoterreno, capaz de moverse en el asfalto de la ciudad, pero también en terracería, con agilidad para maniobrar y una carrocería fuerte para aguantar los choques de un adversario agresivo y poderoso.

Por lo que se ha visto en estos días, quien podría tener ese vehículo es Xóchitl Gálvez. Viendo sus entrevistas y mensajes en redes, es notoria su facilidad para pasar de la comunicación racional a la emocional. Cuando se pone en “modo senadora Gálvez”, argumenta sus posturas y sus ideas, echando mano de razones, datos y hechos.

Cuando regresa al “modo Xóchitl”, puede conmover con una anécdota, hacer reír con alguna ocurrencia o subir un video espontáneo con una historia cotidiana. Neutraliza el odio de López Obrador con humor, pero también sabe mandarle mensajes con firmeza. En pocos días, ella ha dejado claro que posee los cuatro ingredientes clave de la comunicación política en la era populista:

  1. Sencillez en el lenguaje y en las ideas para comunicar con claridad y llegar a un público amplio;
  2. Inmediatez, pues habla con un tono voluntarista que transmite un sentido de urgencia y moviliza a la acción con entusiasmo;
  3. Transparencia radical, ya que ha tenido capacidad y energía para mostrarse de manera permanente en todos los medios de comunicación y las redes sociales mañana, tarde y noche;
  4. Autenticidad, el ingrediente clave, muy difícil de lograr, que consiste en obtener aprobación del público al mostrarse tal cual se es, sin ocultar o disimular emociones o defectos, como cuando ella usa lenguaje florido, cuando se conmueve o cuando ríe con sinceridad y desparpajo.

Manuel Gómez Morín decía con razón: “que no haya ilusos para que no haya desilusionados”. Y en el caso de Xóchitl Gálvez, la ilusión no puede suplantar a la realidad. La oposición tiene mucho trabajo por delante si quiere enfrentar con éxito a un aparato de Estado comandado por un presidente con alta aprobación que apoyará por todos los medios –legales e ilegales– a su delfín.

Pero también es cierto que la “camioneta monstruo” tiene sus flancos débiles. Basta observar a los dos aspirantes más relevantes de la coalición gobernante para darse cuenta de que ninguno posee en su comunicación simplicidad, inmediatez ni transparencia. Y, sobre todo, tanto Claudia Sheinbaum como Marcelo Ebrard carecen por completo de autenticidad.

Ninguno posee talento natural para la arenga en la plaza ni para la oratoria persuasiva. Ninguno es capaz de avivar el resentimiento, ese fuego emocional que López Obrador emite genuinamente y controla como nadie. Su fuerte es la entrevista de sofá, donde tienen espacio y comodidad para explicar y explicarse. Pero en política quien explica, pierde.  El populismo, quién lo diría, tiene sus esperanzas puestas en dos tecnócratas de baja intensidad.

¿Es Xóchitl Gálvez la candidata ideal? Sí, si uno considera el momento político, el ánimo social y el perfil de los más probables candidatos oficialistas. ¿Será la mejor opción para gobernar? Tiene once meses para convencer a una mayoría de ello.

Su biografía es muy poderosa, pero no basta por sí misma para construir un discurso persuasivo. Hay que conectar de manera creíble esa narrativa personal con el relato del país que somos y con una visión del país que queremos ser.

Si, como ella dice, “México merece más”, entonces nos tiene que decir qué es ese “más”, por qué es mejor que lo que ofrece Morena, qué futuro propone y por qué ella es quien nos puede llevar ahí. Y tiene que hacerlo mientras mantiene cohesionados a grupos muy diferentes de la sociedad mexicana, grupos divididos –y hasta enfrentados– por emociones, creencias, valores y prejuicios muy diversos.

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